martes, enero 09, 2007

Moleskine

¡Ya tengo uno! Ya soy un poco más freak. Finalmente me acordé de que quería uno, justo el día que me encontré un expositor repleto de ellos en mis narices. Fue en la librería Altaïr, buscando información para el viaje a Laponia.

Un moleskine es un cuaderno de notas con cubiertas de un tipo de tela llamada Moleskin, posee además una banda elástica para sostener el cuaderno cerrado y un lomo que permite que el mismo sea abierto completamente.

Utilizado por algunos de los mas renombrados artistas e intelectuales europeos de los últimos dos siglos: de Van Gogh (el de la imagen es el que él utilizó de 1888 a 1990, conservado en el Museo Van Gogh de Amsterdam) a Henri Matisse, de las vanguardias históricas a Ernest Hemingway. Una tradición recuperada por el escritor viajero Bruce Chatwin que los adquiría en una vieja papelería parisina, para llevarlos siempre consigo en la mochila o intercambiarlo con sus amigos escritores como Luis Sepúlveda. Leal compañero de viaje de bolsillo, el cuaderno Moleskine ha guardado bocetos, apuntes, historias y sugerencias antes de que se convirtieran en imágenes famosas o páginas de libros sobre las que se han formado generaciones enteras. Imposible de encontrar durante años, ha sido reproducido por Modo&Modo, alcanzando un creciente éxito internacional hasta convertirse en un símbolo del trotamundos contemporáneo.

Yo culpo de mis ganas de tenerla al bueno de Vila-Matas, al genial Hemingway y a un freak que la llevaba en un tren de Auschwitz a Cracovia...

Sólo un comentario más... tienen algo mágico. Ayer la estrené con unas notas y unos bocetos sobre una movida que ya os explicaré (o no) algún día, pero que podría ser interesante.

viernes, mayo 18, 2007

Rajada urbana

Ésto de tomarse un café antes de entrar a kurrar tendría que ser obligatorio. Llegas al kurro más relajado, más despierto, más informado, aunque igual de asqueado y puteado. Eso sí que no varía.

Esta mañana, entro en el mismo bar de cada día y la mesa que suelo utilizar para desplegar el diario, liarme un cigarrito y tomarme el café estaba ocupada. Al menos, quedaban un par de periódicos libres (odio el día que toca esperar a que alguien acabe). Me siento en la mesa inmediatamente posterior a mi habitual.

Me sirven el café, lógicamente sin pedirlo (uno de los placeres de ser un asiduo) y me enciendo mi Golden Virginia cargadito para que dure hasta llegar a la contra. Pero no consigo centrarme en el tabloide. Los ladrones de mi mesa están discutiendo animadamente. Son dos guardias urbanos (una mujer y un hombre... será por lo de cumplir con lo de la paridad) y un chico vestido de calle, pero que luego he descubierto que también pertenece al cuerpo municipal.

No voy a dar el número de placas de los dos uniformados (los he apuntado en mi moleskine). Prefiero cubrirme las espaldas... je, je (vaya parida). A lo que íbamos, los tres amigos estaban pegando unas rajadas del funcionamiento, de los jefes, de los trapicheos, de algún compañero.... no han dejado títere con cabeza.

Imaginaros la situación. Yo cumpliendo con un topicazo peliculero tapándome con el diario y pasándomelo teta. El café enfriándose. Mi cigarrito que sacaba más humo que nunca (una concesión de mi imaginación para ambientarlo todo un poco).

"No sea tonto, si me pasa algo ya he dado instrucciones para que llegue toda la información a la prensa..."

En fin, ha sido muy divertido. Pero he tenido que dejarlo para ir a pasar otra bonita jornada surrealista en el feudo gráfico (feudo, por lo de Señor feudal).

Situaciones así son las que sí que acercan a las fuerzas del orden a la gente de la calle... ¡rajen más!

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